¿Con qué fin se diseñan los parques y los jardines de hoy?

Hablo de la oda a la explanada de hormigón, de los árboles torturados, la rayuela de arquetas, de los  metros de gravas con un uso aparentemente decorativo,  a praderas de césped que solo pisa quien lo corta semanalmente, arbustos moteados…

Podríamos pensar que esa falta de diseño  se debe al presupuesto; pero no solo, también se debe a la falta de dedicación, especialización y recolección de ideas.
Luchar para que esto no ocurra no es un trabajo fácil, porque proponer hacer las cosas de manera diferente supone a veces ir contra la inercia de las obras y, a veces incluso asumir que lo anterior no funcionaba.
Tiempo, comunicación, pericia y especialización, se unen a una incesante búsqueda de ideas, inspiración y soluciones.
La naturaleza no se puede pintar al acabar la obra.

Estos desafíos nos impulsan a actuar y atraen a arquitectos, ingenieros, promotores y amantes de la naturaleza a buscar nuevas soluciones que les permitan integrar la naturaleza en sus proyectos de una manera realmente sostenible y, a largo plazo, eficiente.

 

- La naturaleza y la biodiversidad son una parte integral de la vida urbana donde la estética se valora tanto como la funcionalidad.

 

La naturaleza, dentro de espacios seguros, diversa y sostenible donde su uso y disfrute va de la mano de la sensación de frescor y verdor nos hace a todos sentir en un entorno natural privilegiado.

 

- La arquitectura y la naturaleza se fusionan de manera que resulta difícil distinguir dónde acaba la construcción y cuándo comienza la vegetación.

 

Y, esto solo es posible cuando se estudia y se entiende profundamente el lugar, la arquitectura, su contexto y sus necesidades.

Sobre mi

Marta Puig de la Bellacasa

Hoy en día el paisajismo ya no es solo el ornamento de los espacios verdes, si no uno de los elementos fundamentales para mejorar el tejido social, dar soluciones concretas a la Emergencia Climática y mejorar la habitabilidad de nuestras ciudades y territorios, a muy diferentes escalas (patio, jardín o parque).

Es una demanda social que ha ido creciendo a raíz de la concienciación ciudadana por el cambio climático pero también por el ajetreo constante de nuestras vidas que nos aleja de lo mundano y maravilloso que puede ser pasear por un jardín.

Valoramos mucho más los espacios verdes porque somos conscientes del efecto positivo que produce en nosotros, tanto a corto como a largo plazo.

Y, el margen de mejora es abrumador.

Soy ingeniera agrónoma y antes ya de comenzar mi proyecto de fin de carrera había decidido estudiar arquitectura del paisaje en el Reino Unido. Podría haber estudiado diseño de jardines y entrar en ese pequeño nicho; pero yo lo que realmente quería, era crear tejido verde y social.

Estudié arquitectura del paisaje porque creía, y sigo creyendo, que los espacios al aire libre ayudan a crear una sociedad mejor y una vida más saludable a todos, independientemente de nuestro origen ecónomico y/o social. Trabajo con la ilusión de mejorar los espacios que habitamos todos, incluyendo la flora y la fauna. Porque mejorar su hábitat, es mejorar el nuestro.

En el estudio buscamos la resilencia al cambio climático mediante el equilibrio que implica saber y entender los recursos limitantes que tenemos (agua y suelo), la biodiversidad (flora y fauna), la sostenibilidad a largo plazo, el uso y función del espacio, y cómo mediante el manejo perpetuamos, con nuestro granito de arena, la naturaleza.

Pequeños o grandes. Si en tu jardín das pie a que un día aparezcan lagartijas, para entonces ya estará habitado por pájaros, insectos y reptiles en un equilibrio casi perfecto.

 

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