Un millón de cosmos

En un Hacienda en Sevilla sembré Cosmos debajo de un naranjal. La época era la peor, Junio. Todo iba en mi contra. Pero el resultado… El resultado fue, un mar de flores. Una preciosa escena de tintineantes flores que fácil te llegaban a la nuca.

La farsa épica del Jardín Renacentista

¡Inconcebible! Pensaba. Jamás llegué a creerme que en los jardines Renacentistas no hubiera flores. ¿Acaso el verde de la topiaria, los escenarios creados para guiarte, dirigir las vistas, enmarcar el paisaje era todo? Y que pasa con los detalles. Que ocurría cuando uno no miraba al cielo o al horizonte. Qué ocurría con los placeres del olfato y el tacto, y la belleza de los colores. El verde monocromo era el lienzo perfecto, ¿no? Recto, esculpido y milimétrico es capaz de resaltar la belleza delicada y salvaje de malvarosas, aguileñas, verónicas, prímulas, pensamientos, ciclámenes, violetas, lirios, claveles…

Un balcón con muchas flores

A mediados de Junio 2016 envié mi propuesta de balcón al concurso de jardines del Garden World Cup en Japón. Lejos, sin duda. Divertido, por descontado. Sobre todo porque al final tuve la oportunidad de visitarlo y ver las tripas de los Garden Shows, aunque sólo fuera de refilón -pero eso sí ya dentro y acompañada de sus estrellas-.